¿Sabías que...?
Antes de tener móvil ya entrenábamos la memoria con luces y pitidos: ¿te acuerdas de Simon?
23/8/2026

Antes de los móviles, las tablets y los videojuegos online, hubo un juguete que parecía salido de una película de ciencia ficción. Simon, con sus cuatro botones de colores, luces y sonidos, convirtió memorizar una secuencia en uno de los grandes desafíos de los niños de los 80.
Hubo una época en la que un aparato con cuatro botones de colores, unas luces y unos cuantos pitidos podía parecernos tecnología punta.
Ese aparato era Simon.
El juego había sido creado en Estados Unidos en 1978 y se convirtió en uno de los juguetes electrónicos más reconocibles de los años 80. En España llegó comercializado por MB (Milton Bradley) y rápidamente se convirtió en uno de esos regalos que muchos niños querían tener. RTVE lo incluye entre los primeros juegos electrónicos que se popularizaron en nuestro país durante aquella transición hacia los juguetes con luces y sonidos. RTVE.es
La idea era aparentemente sencilla: Simon iluminaba uno de sus botones y emitía un sonido. Tú tenías que pulsarlo.

Después añadía otro.
Y otro.
Y otro más.
La secuencia se iba haciendo cada vez más larga y había que repetirla en el mismo orden. Un pequeño error y… fin de la partida.
Lo curioso es que hoy la mecánica parece casi ridículamente sencilla. Pero en los años 80 aquel disco de plástico negro tenía algo especial: luces, sonidos, memoria electrónica y botones que respondían al instante. Para un niño acostumbrado a juguetes mucho más mecánicos, aquello parecía casi magia.
Y ahí estaba el verdadero pique.
—“Yo he llegado a 10.”
—“Pues yo a 15.”
—“Mentira.”
No había marcador online, ni aplicación, ni estadísticas. Solo tu memoria… y la memoria de tu amigo para recordar hasta dónde habías llegado.
Simon es además un buen ejemplo de cómo los juguetes empezaron a incorporar cada vez más electrónica en aquellos años. En España, la llegada y popularización de estos juegos convivió con la expansión de los primeros ordenadores domésticos y las videoconsolas, en una década en la que la tecnología empezó a formar parte de la habitación de muchos niños. RTVE.es
Y hay algo especialmente nostálgico en recordarlo hoy.
Porque aquel aparato no necesitaba internet.
No necesitaba una cuenta.
No necesitaba actualizarse.
No tenía batería recargable, pantalla táctil ni conexión Bluetooth.
Solo cuatro colores, unos sonidos y la desesperación de equivocarte justo cuando llevabas una secuencia larguísima.
Y probablemente más de uno todavía recuerda perfectamente el sonido de aquel fallo.
